“Ya no puedo darte el corazón, iré donde me lleven mis botas, y si quieres que te diga que hay que hacer, te diré que apuestes por mi derrota”.

Ser un roquero hoy en día es recorrer la travesía de un desierto yermo: el sol en la cara, el viento ajándote la piel y la ropa, plantas rodadoras y calaveras de buey rematan el decorado. No hay un horizonte claro ni un destino asegurado y los falsos profetas aparecen y desaparecen como oasis que engaña a tus ojos.

El reclamo es esa sensación una vez vivida. Esos pelos erizados. Esos brazos al aire con bellos como escarpias. La búsqueda del recuerdo de ese día que está grabado en el lóbulo temporal del hipocampo. La búsqueda de aquella ola que cogiste aterrado y que al surfear se llevó tu corazón. La sensación que todo yonky describe de su primer pico y que vuelven a buscar perdiendo la vida por el camino.

Es un espejo roto que deforma la imagen y que cuánto más tiempo pasa, menos esperanzas tenemos en volver a ver unida. Ese verano de los 17 años. Ese riff que te sacó del planeta tierra para nunca más dejarte volver. Una triste condena de búsqueda incesante, de automarginación, de incomprensión y de bares de extrarradio. Un lacra que no desaparece.

Getty images.

No mamá, no es una fase. Lo siento. Y sin embargo es la gloria más grande a alcanzar, es una hermandad sólida como no hay otra. Es la emoción más indescriptiblemente hiperbólica. Es la quintaesencia de la grandeza y de la vida. Y, querido lector, no te la puedo explicar. El Rock & Roll lo tienes o no lo tienes, lo eres o no lo eres. Y no se puede forzar. Pero, ay del que me entienda!

En ese camino de sinsabores hay días y hay grandes de días como el del miércoles pasado en Madrid.
Quinta vez que veo a ACDC (la última en Sevilla me dejó semi frío). Nada a criticar teniendo en cuenta la edad de la banda, la escasez de sus miembros y los avatares sufridos. Pero al haber presenciado de lo que son capaces me dio sensación de perdida.

Cuando llegué con mi amigo Pipe a las puertas del Wanda, veía a un gigante de unos “14 años “ con el corazón en un puño, entrando al estadio miles de padres con niños a su vez llevándolos a presenciar algo mesiánico y allí nadie tenía dudas (yo alguna). Pero 1 minuto me duraron. Tener la ocasión de ver algo más grande que la vida, algo que es único, debe ser como que tu familiar más querido con Alzheimer te reconozca por un minuto, como sentirte arropado y querido por amigos por los que te viste abandonado o sentir la calidez de una mirada de amor verdadero.

Pero eso solo se puede saber si se lleva dentro y en una vida ingrata la cantidad de veces que ese oasis se cruza en tu camino es cada vez menor. Tu caballo cada vez está más flaco y tiene más moscas, y el agua escasea. Pero no conozco a nadie que lo lleve dentro y renuncie al sueño, por la dureza del camino. Lo andaremos cogidos de la mano de esta hermandad. Hijos de un mismo Dios.

Donde se te encoja el corazón, se te quite el sueño y el hambre. Donde esté lo real, lo auténtico, lo que permanece, cuando se va la bruma y la duda, ahí es. Apuesta por el Rock & Roll. Este post está dedicado a la memoria del gran Ozzy Osbourne. Ozzy se fue y dejó un infierno lleno de promesas rotas y riffs que nadie quiso escuchar. Sin despedida. Sin bis. Solo dejó un ampli encendido y una frase grabada en el viento.

In memoriam…

Ozzy Osbourne. 22/7/2025

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