El acontecimiento de la sala BUT para el viernes noche bien merecía una puesta de
largo a la altura. No se puede
decir que Guadalupe Plata no sea una banda con un cierto estatus debido a la repercusión
mediática en prensa especializada del último año y por los ecos de su buen
directo diseminado por el boca oreja
. Pero que una banda de Úbeda, formato
trío que suena a blues del Delta, en la
época en que las fronteras musicales entre Mississippi y Chicago se desdibujaban
y con una factura punk en cuanto a la actitud
(si es que los primeros blues
man no eran punks…) y al «do it yourself» no deja de ser algo sorprendente y
desde luego, a celebrar.

Mención especial
merecen también Los Vinagres, que salieron como un exabrupto llenando la atmósfera de
fuzz y una base rítmica cavernícola cargada de punk, garaje, blues y rock
& surf. Una propuesta llena de músculo que hizo las delicias del aquí
firmante ante el estupor de mi asombrada acompañante. La banda goza de una gran
cohesión y sentido del humor, reivindicando el «does humour belong
in music»
 que Frank Zappa tanto defendía. Treinta minutos de catarsis sónica.
Pero el plato fuerte sin duda fue Guadalupe. Los jienenses mostraron más limpieza en el sonido y un dominio del control de la
emoción y del público que mantuvo la tensión durante la hora y media del
concierto. Haciendo la máxima de que menos es más, los recursos de este power
trío son muy amplios y, aunque su sonido pertenece al crossover de los discos de
pizarra al vinilo, entra perfectamente en el oído del oyente experto y novel.

Manejando un
arco con una cuerda tensa (original de la música nigeriana e importado por los esclavos de la
música de las plantaciones), una gresth de caja y un bajo
eléctrico, además de la batería y la omnipresente guitarra, este grupo planta
un pie en la modernidad sin deslustrar la tradición. Cascadas de distorsión
con slide y psicodelia para trazar una hoja de ruta en la que incluyeron: «Demasiado», «Jesus está llorando»,  «La muerte de
John Faney» y «Lorena», entre otras.
Salimos de la
sala al ritmo de la marcial batería y siguiendo el camino que marcó
la historia del blues, Mr Johnson y el blues del demonio. Eligiendo mirar
atrás, para seguir adelante.