Vean ustedes mismos. Cartel Bilbao BBK Live 2015 vs 2025, o Primavera Sound 2015 vs 2025 (abajo imágenes). La evidencia de que ya no surgen superbandas y que probablemente aquellos últimos años 90 y primeros 2000 fueron el fin de una era, se constata repasando los cabezones de cualquiera de los grandes festivales de nuestro país. Los nuevos nombres y tendencias rompedoras ya no son bandas en su gran mayoría. Aquellos primeros Strokes, Arctic Monkeys, Interpol o The Killers, ya no tienen recambio. El gran reclamo son Sheerans, Lipas, Swifts, Sabrinas, Eilishs, Rosalías, Amaias y Tanganas.

¿Qué cojones está pasando?, ¿a qué se debe este nuevo orden?.

Dijo Adam Levine, líder de Maroon 5: “Da la sensación de que ya no hay bandas; somos una especie en extinción”. El periódico británico The Guardian dedicaba un artículo a la cuestión: “Por qué los grupos están desapareciendo”. El País tituló: «Cómo la pandemia, la televisión y Spotify ‘mataron’ a los grupos de música», e incluso Forocoches (biblia por excelencia de todo internauta) tiene este fantástico hilo al respecto: «Están desapareciendo los grupos de música«.

Casi los 30 artistas más escuchados en Spotify son todos solistas desde principios de esta última década. El pop y el rock ya no son tan atractivos para las nuevas camadas de chavales que descubren nueva música de usar y tirar con reels de instagram y videos de tiktok. Mucho trap, reggaeton y mierdas similares les están friendo el cerebro y el buen gusto. Riñoñeras, chandals, tetas postizas y pelo-brócolis consumen Malumas y Bad Bunny, no saben quienes fueron Aerosmith o The Clash. El caldo de cultivo para esta nueva generación de analfabetos (siempre hay, POR SUPUESTO, excepciones) está sembrado.

Spotify y sus listas. Conglomerados empresariales con intereses cruzados. Sellos discográficos siendo accionistas de compañías de streaming. El Robo del siglo. Como si Nestlé fuera el dueño de Alcampo y Carrefour. Oligopolios. La víctima, eres tú.

Y es que los solistas resultan más prácticos para la industria, amigos. La promoción de una discográfica resulta mucho más ágil y barata si es un solo solista que una banda con sus diferentes componentes, cada uno con sus personalidades y manías. Son menos fáciles de coaccionar y convencer.

Otro factor clave es que ahora la música se hace en una habitación a solas con un ordenador y tres chuminadas. Y oye, tiene su mérito. Pero hay tanta mierda, que es difícil encontrar algo comestible de manera habitual. Y es que la inmediatez que proporcionan las modernas tecnologías combinan bien con los nuevos hábitos de consumo. Usar y tirar. Series, música, ropa,…

¿Entonces qué? ¿Sólo nos quedará la nostalgia?

Nos acordaremos de aquellas bandas, de aquellos festivales, una cosa que se llamaba CD, del MySpace,… y poco más. O quizá al pop-rock de bandas se vuelva un subgénero underground, como ya fue alguna vez. Puede que haya que seguir disfrutando de nuevas bandas como el que pone la tele y sufre buscando canales en Movistar+ para ver un partido de rugby o balonmano. Puede que entre tantos partidos infumables de futbol y tennis, haya algún pequeño y humilde canal al que engancharnos y poder seguir disfrutando. Volveremos a las salas de conciertos. Los grandes festivales morirán de éxito y nosotros ya no estaremos para salvarlos. Los grandes nombres como Oasis o Neil Young ya no estarán para ellos, como demuestran sus giras de este año. Habrá mucha más gente en las giras de Shakira que en las de Wilco. Pero siempre, siempre, habrá más gente en el McDonalds que en Arzak. No pasa nada.

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