Tienen enamorados a NPR y KCRW, entre otros medios. No es para menos, puede que estemos ante el mejor estreno de este 2026.

Detrás de este proyecto canadiense no hay una maquinaria de marketing multinacional, sino dos gemelas idénticas de Kitchener (Ontario): Mercedes Arn-Horn (voz y guitarra) y Phoenix Arn-Horn (batería y producción). Tras foguearse durante años en la escena pop-punk, decidieron encerrarse en su propio estudio casero para canalizar sus frustraciones, miedos y vivencias. Y como resultado, una de las identidades sonoras y conceptuales más magnéticas de este 2026.

La música de Softcult es un puente perfecto entre dos mundos que parecían condenados a no entenderse: la atmósfera etérea del Shoegaze y el Dream Pop. Guitarras densas, flotantes y llenas de reverb de bandas míticas de los 90 como Lush, Slowdive o Cocteau Twins. Capas densas, tan gruesas y bonitas que te atrapan como una manta de pelo gustosa en un día de frío invierno. Por otro lado, la rabia contenida en las letras de Softcult, con ese poso en segundo plano de melancolía abstracta de Mercedes y Phoenix, meten el dedo en la llaga de los problemas reales del día a día.

Sus letras abordan el bulling, el acoso callejero, la salud mental, el machismo sistémico y la necesidad de buscar espacios seguros para la comunidad LGBTQ+. Esa ira se expresa de manera tan ruidosa como insultantemente melódica.

Su disco «When a Flower Doesn’t Grow» (Enero 2026, Easy Life Records) es el disco de tu yo adolescente, de tu yo desilusionado de los veintitantos, de tu yo perdido a los 30 y el de tu yo melancólico a los cuarentaytantos. Shoegaze de atmósfera flotante, que levita, pero te sacude un manotazo a tiempo y te dice: «eh! despierta, imbécil. abre los ojos y mira!». El ruido se inventó para molestar.

El título del disco ya te avisa de por dónde van los tiros. Está inspirado en una frase del escritor Alexander den Heijer: «Cuando una flor no florece, arreglas el entorno en el que crece, no a la flor«. Un mantra que Mercedes se aplicó a sí misma tras romper una relación tóxica de nueve años, salir del armario y darse cuenta de que no puedes predicar empoderamiento sobre el escenario si dejas que las estructuras de siempre te sigan encogiendo en tu vida privada. El álbum es un viaje de apenas 30 minutos donde no no te da tiempo ni a pestañear. Arranca con cortes como «Pill To Swallow» o «Naive», canciones que entran como la seda gracias a unas armonías vocales que parecen flotar sobre nubes de algodón de azucar, pero que en realidad te están hablando de mantenerte en pie en un mundo de mierda. El disco explota con «16/25» («Ella ni siquiera sabe cómo amarte, ni siquiera sabe conducir») y remata su ira con «Tired!», sonido de guitarra sucio y distorsionado de 1 minuto que suena a los mejores Nirvana y sirve para lamerse las heridas y desahogar toda la frustración. El disco termina con el alivio final, «When a Flower Doesn’t Grow«. Un broche final perfecto.

Entre tanto, también singles de primer orden: «Spit It Out», «One Of A Million», y «BWBB». Capas y capas de sonido que Phoenix graba, mezcla, produce y diseña en el sótano de su casa. Mercedes escribe las letras, dirige, edita y produce unos videoclips que parecen sacados de una cinta VHS de los 90. Las hermanas confeccionan música hermosa sin necesidad de ser sumisas o inocentes y a la vez, música furiosa sin necesidad de perder la sensibilidad.

Sube los auriculares. Cierra los ojos. Esto es de lo mejor del año.

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