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| Kanye West. |
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| Killer Mike. |
Los orígenes de esta new wave no se alejan mucho en el tiempo. Un seísmo sónico como «808» o «My Beautiful Dark Twisted Fantasy» han instruido a una nueva generación de mc’s a atreverse en el terreno mestizo y barroco de la música negra, a salirse del clásico 4×4 y construir obtusas melodías a partir de lo que el célebre Grandmaster Flash estableció.
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| Kendrick Lamar. |
La vitalidad de este formato, cada vez menos encasillado en su propio estilo, da un aire fresco y deja fuera a todo el que no está dispuesto a tomar riesgo. Después del «Good Kid M.A.A.D City» de Kendrick, obra suprema de los dosmiles y clásico imperecedero desde el «Chronicles» de Dr. Dre, nada me había despertado el interés de tal manera como el nuevo trabajo de Kanye West. Este superdotado de la música, ególatra irredento, o como el mismo dice «the only rapper compared with Michael», demuestra ir un paso por delante y, como decía el gran Camarón de la Isla: «Al que no le guste, que lo escuche otra vez».
Kendrick tiene el mejor trabajo de los últimos diez año de rap, pero el que quiera inspirarse va a encontrar una enorme hornada de mc’s dispuestos a abrir sus mentes a base de beats. De momento, Kanye sigue siendo el capitán del barco, pero tiene buenos grumetes a su alrededor. Corren buenos tiempos para la lírica.




