Hoy nos despertamos
con la noticia de la separación de Extremoduro. Aunque ya ayer muchos nos
reenviábamos frenéticos el link de su cuenta de Twitter aderezado con los más
expresivos emoticonos de desolación incontenible, p
uede
que esta noticia no signifique mucho en una banda que, como ellos mismos dicen,
llevaba mucho tiempo sin dar señales de vida. Pero para los que teníamos la esperanza
de una reunión o los que nos resguardábamos en el refugio de su intangible
presencia es una noticia desoladora.

Cerrar
Extremoduro, sí, cerrar, es un último aliento de juventud que se desvanece entre
nuestros dedos, es parte de un recuerdo individual y propio y de un universo
colectivo. Porque siempre los he sentido míos y nunca me ha importado
compartirlos (no podría decir esto de ningún otro artista que admire). Ha sido
la música que escuchaba “solo para mí” en el coche familiar cuando sonaba la
radio comercial y me hacía sentir especial y único. Es un hilo de comunión con
muchas de las personas más importantes de mi vida (Paula, Pipe, Mary…) y ha
sido un ejemplo de rebeldía, salvajismo, poesía y autenticidad.

Han
escrito una de las cumbres de la música en castellano del siglo XXI “La ley
innata” y todo un evangelio de capítulos que son imborrables muestras de su
arte y perdurables joyas de la música española.

Los más
viles piratas, los más torturados poetas, los “yonkis” más íntegros, los
ladrones más justos, tuve la suerte de verlos varias veces en el Viña Rock, que
es como ver a Elvis en las Vegas. Y al pensar en ello sonrío de medio lado por
el honor de haber estado allí y el recuerdo de lo irrepetible. Para todos los
que hoy sienten este dolor mi comprensión y empatía. Extremoduro se van por la
vereda de la puerta de atrás. Pero quedan en nuestras mentes como lo que han
sido y son, una estrellita pequeñita pero firme.

AMA Y
ENSANCHA EL ALMA.