«She could calm a raging bull or make two people fall in love with each other.” – Magnet
Nunca vimos el momento preciso en el que poder hablaros con algo más de calma de la pianista, compositora y cantante, Kathryn Calder. Siempre tratando de buscar nuevos grupos, nuevas bandas, el hit inmediato o un nuevo talento que disfrutar en los cientos de conciertos y festivales que nos acechan, nos perdimos la oportunidad de presentaros como dios manda, a otro más ex-The New Pornographers que brilla a la altura de los todo poderosos Neko Case o el mismísimo, A.C. Newman.
Los de ésta señorita, a diferencia de lo de sus otros compañeros, ha sido un trabajo mucho más introspectivo. Sin dejar atrás esas infuencias del power pop que los «Pornos» nos regalaban hasta hace bien poco, Calder emplea un mayor desborde hacia la sutileza, con arreglos suaves, tonos beige, alejados de la fuerza y entusiasmo desmedido de la antigua banda de los nueves canadienses.
Divertida y entusiasta, fiel reflejo de la lente con que Calder observa todo lo que le rodea y que también expresa en sus risueñas y amables melodías. A pesar de no ser una eminencia escribiendo las letras para sus canciones, su album conecta emocionalmente contigo tras una escucha completa. Ningún track te llama poderosamente la atención pero es un album de esos que al rato de tenerlo de fondo, en un segundo plano, dices: «joder, es bueno..!».
Pero el punto realmente fuerte de Calder, no hay ninguna duda, es su excelente voz. If You Only Knew o Slip Away, dos de sus mejores temas, son alguno de los momentos en los que podremos disfrutar del eterno esplendor soleado y primaveral de Calder. Su voz, siempre tan expresiva y cálida, hablando de sueños y secretos inconfensables, junto a melodías repletas de palmas y coros, hacen de éste album, una garantía para éstas noches primaverales. Especialmente, si las pasas acompañado/a.


