Foto: The Doctor.

En el film de Alan Crosland «El cantor de jazz» de 1927, primera película con sonido sincronizado, el hijo del rabino Rabinowitz quiere salir de tradición familiar y abandonar las aspiraciones de su padre para ser músico de Jazz. En ella se expone la discrepancia generacional entre padre hijo y la subversión de las artes frente el estaticismo de la tradición. Para poder ser cantante y no defraudar a su familia, el vástago de Rabinowitz se pinta la cara de negro “black face” para no ser reconocido y poder actuar ante una audiencia blanca e interpretar la música que le apasiona sin avergonzar a su progenitor ni ser repudiado socialmente.

Mucho ha llovido desde entonces. Años de segregación, de apropiación cultural y marginación y a pesar de que hay mucho ganado y más aún por avanzar, hoy 20 de septiembre de 2022, encontramos a un magnífico Michael Kiwanuka embelesando a una audiencia blanca en su totalidad (en este caso) con una música que es vanguardia y tradición que bebe del blues, del pop y del góspel

Armado con su Gibson SG en la mayor parte del concierto y con siluetas al contraluz sobre proyecciones psicodélicas, la banda desgranó con solidez y cohesión los temas de sus 3 últimos trabajos. Una sobrecogedora interpretación de “Piano Joint” con un silencio absoluto llenó la atmósfera de la Riviera, a lo que siguió una escalada de temas bailables (y bailados) que llevaron al éxtasis al público asistente: “One More Night”, “You Ain’t the Problem”, “Rolling” y “Black Man in a White World” hicieron las delicias de los asistentes. 

Muchos de los allí presentes recibieron con fervor el cambio a su perfil más acústico. Y es que Kiwanuka no precisa de un muro de sonido para alcanzarnos emocionalmente. Su mensaje es simple y claro, se trasmite con la claridad universal de lo que es realmente puro. 

Ninguno de los asistentes movió un músculo al ver a Michael abandonar el escenario consciente de que volvería a salir. Y no decepcionó. Volvimos a ver su figura cruzar la tarima para interpretar “Falling”, un celebradísimo “Home Again” en su formato más básico (guitarra y voz) “Cold Little Heart” y concluir con “Love & Hate”.

Cuando se encendieron las luces el hechizo se deshizo, la niebla se disipó, las negras siluetas desaparecieron y la música cesó. Nada existía. Solo grupos erráticos abandonando la sala. Nada existía, excepto el hechizo del cantor de jazz.