Anclado en los encantos del Pacific Northwest norteamericano, donde la nostalgia perfuma cada paisaje y cada gesto de los transeúntes, donde parecen detenerse las modas, «A Million Easy Payments» recoge esa belleza discreta, esa incesante melancolía en tan sólo ocho canciones.

Little Kid, natural de Canadá, es ya una banda consolidads, pero puede que este álbum, su séptimo de larga duración, sea el más agradecido y notable de todos ellos. Porque ni trabajos interesantes como su debut Logic Songs de cadencia folk, ni el rock más pesado de Sun Milk, ni el country alternativo de Transfiguration Highway, han podido sumar una gran cantidad de adictos a su música. ¿Puede que sea este un punto de inflexión?.

Su música nunca ha sido particularmente accesible, y la voz poco ortodoxa de Kenny Boothby es un sello distintivo puede que a veces demasiado personal, pero en «A Million Little Payments», todo encaja a la perfección y las imperfecciones queda disimuladas, poniendo en alza las grandes virtudes del LP: una vibrante música americana mezclada con tintes de folk rústico y un slowcore sombrío propio de bandas como American Football dentro del espectro indie rock.

Melodías y matices bien arreglados, que recuerdan a bandas como Big Thief o Hiss Golden Messenger en sus pasajes más lúgubres y deprimentes, con historias muy humanas, y canciones dignas de mención como “Something To Say”, “Beside Myself” y “Somewhere In Between”.