
Llevaba mucho tiempo queriendo escribir este post. Ha sido el medio tiempo de la Super Bowl la excusa perfecta para hacerlo. Descubrí a Bad Bunny en un viaje por carretera hacia los Pirineos en un mes de julio. «Un verano sin ti» (2022) empezó a sonar en modo aleatorio. El título de ese disco tenía además un significado especial en ese momento. Sonaron los cantos de los pájaros de Moscow Mule, la picante Tarot con JHAYCO, el bellísimo Otro Atardecer con los maravillosos The Marías y la pegadiza Ojitos Lindos con el romanticismo elegante, tropical y vibrante de los colombianos Bomba Estéreo. Desde ese momento supe que me engancharía a su música por mucho tiempo. Y así fue. UVST fue uno de los discos que más he escuchado y disfrutado. Me ha acompañado de viaje y me ha llevado de viaje cuando no estaba viajando. A lugares bonitos, a un amor del pasado y a esos atardeceres en Rincón que tan bien describe Benito en un viaje inolvidable a Puerto Rico allá por el 2023.
Bad Bunny fue el culpable de este viaje y de un auténtico flechazo de tres amigas por la «isla del encanto». Recuerdo el momento en el que llegamos a San Juan y el taxista nos preguntó si veníamos a la gira de despedida de Daddy Yankee. Le dijimos que no estaba en nuestros planes y acto seguido estábamos comprando las últimas entradas que quedaban disponibles. Ese concierto fue pura diversión, bailando aquellas canciones que marcaron en cierto modo nuestra juventud con una puesta en escena y un espectáculo de drones, algo que no habíamos visto jamás. Y sí, PR suena a reggaeton desde por la mañana hasta por la noche. Pero la mejor forma de conocerlo es sin duda visitarlo, porque es un país que sorprende y cautiva desde que uno lo pisa.
Con «Debí tirar más fotos» (2025) el puertorriqueño hizo historia al ganar el álbum del año con un disco íntegramente en español. Un disco con incontables referencias a su Puerto Rico natal. El más claro ejemplo de patriotismo sano. Y esto fue precisamente lo que demostró el pasado domingo en la super bowl con un show sin precedentes en un contexto sin precedentes con una América más polarizada que nunca en donde parece que casi todos coincidieron en lo mismo: te puede gustar o no su música, pero lo que ha hecho Bad Bunny esta noche es historia. En 13 minutos y 9 canciones no hubo polémica, no hubo insulto ni hubo ofensa. Solo hubo una demostración del talento de un artista que ha llevado la bandera de su país como insignia por el mundo entero. Rodeado de estrellas como Lady Gaga cantando salsa o Ricky Martin con la reivindicativa Lo que pasó a Hawaii dejando un mensaje claro: «lo único más poderoso que el odio es el amor». Un concierto épico donde Benito mostró al mundo sus raíces y a los norteamericanos su patriotismo. Tiene gracia. Su actuación fue la más vista hasta ahora, superando la de Kendrick Lamar. Sin duda, un baile inolvidable.
Es más que evidente que Benito no destaca por la afinación y que a nivel vocal tiene mucho que mejorar. Pero el talento de un artista va más allá de la afinación. Su música transmite un mensaje y su poder hoy va más allá de la propia música. Hay mucha gente que hoy se está tragando sus prejuicios. Porque criticar a Bad Bunny porque haga reggaeton es un prejuicio. Al igual que criticar su forma de hablar denota una flagrante falta de cultura y supone una estigmatización lingüística.
En el mundo de la música y de la crítica musical hay una incuestionable falsa hipocresía en la que parece que uno tiene que pedir permiso (o perdón) por escuchar a según qué artistas o géneros. Una justificación necesaria. Como si te dieran el carnet de «guay» por escuchar rock, pop o clásica. A Dios gracias que el mundo de la música ha evolucionado y hoy podemos escuchar de todo porque de lo contrario… De lo contrario sería un auténtica desgracia.

