Hace tiempo me acordé de un viejo amigo que me solía poner en el trabajo grupitos y temas de su época en el mítico Rockola madrileño. Un buen día me enseñó algo que guardaba en «el trastero de su casa», un vinilo de «¡Como Está el Servicio… de Señoras!», el primer largo de Almodóvar & McNamara. En el trabajo cogió un instante justo a la hora de comer, cuando todo el mundo ya se había ido a rellenar el buche, y me puso por internet un video de los dos susodichos en la mismísima comentada sala Rockola. Me dijo que aquél mismo día, él había estado allí y recordaba la actuación como «vaya dos gilipollas…, eso sí, te descojonabas de risa macho!!». Yo lo hubiera definido de una manera muy parecida.
La música parecía ser lo de menos, la provocación y sus letras, su presencia en el escenario, eso sí que era pura dinamita.
El año en que salió éste LP al mercado, 1983, fue el mismo año en que nací yo (bien es cierto que en 2005 salió una nueva versión remasterizada). Mi escaso conocimiento acerca de aquella época, «La Movida», viene transferido por las batallitas de algunos padres y sobre todo, hermanos mayores de amigos. Por eso, creo que es mejor dejaros con la crítica que en su día escribió Raúl Alonso para nuestros amigos de La Fonoteca: (By JRGE)
«El largo no se hizo demasiado esperar, saliendo una versión promocional sin los dos primeros temas, por otra parte pertenecientes a su primer sencillo. Este citado disco promocional traía también las letras de las canciones y una hoja escrita a máquina por Pedro Almódovar. De esto último, el buen coleccionista quizás lo supiera apreciar en su momento, o ahora, vista la posición de nuestro afamado director. En cuanto a lo primero, y teniendo en cuenta la conocida y atropellada verborrea del bueno de Pedro, todos lo debieron agradecer.
Es cierto que la música no es la prioridad de la propuesta, evidentemente nunca puede serlo de una banda que pulsaba el play para iniciar sus performances, pero desde luego la condiciona, para bien o para mal, en cada uno de los temas. Aparte de que sin esta las letras no tendrían espacio por el que deambular, a veces no son tan ingeniosas y provocativas como se las presupone («Monja, jamón», «Safari»), y ahí es donde adquiere mayor notoriedad.


